Sustentabilidad: 31 años de un concepto sesgado

Tenemos la errónea idea de que el tema es asunto de los “ambientalistas”, biólogos y afines, por lo que hay poco interés del resto de la población en conocer el informe.

05/14/2018
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Por Oscar Aldape

En abril pasado se cumplieron 31 años de la publicación del documento “Nuestro futuro común”, también conocido como “informe Brundtland”, donde se acuñó y definió el término de “Sustainable Develoment” como “…aquel que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las propias”.

Tal definición, clara pero imprecisa, ha dado lugar a un sinfín de interpretaciones y con ello a discursos, estrategias y políticas que terminan siendo aplaudidos aun cuando en la realidad no se acercan, o incluso van en contra, de lo que enmarca el informe y el propio concepto en su profundidad.

De inicio, tenemos la errónea idea de que el tema es asunto de los “ambientalistas”, biólogos y afines, por lo que hay poco interés del resto de la población en conocer el informe. Incluso quienes nos desarrollamos en temáticas afines a las ciencias ambientales, no nos hemos dado a la tarea de analizar aompliamente “Nuestro Futuro Común”; si a esto le agregamos que el término es muy dócil para ser manipulado a los intereses de cada sector, gremio empresarial o mercado, dicho sesgo se vuelve incontrolable.

La “manipulabilidad” del término tiene cabida en una sociedad caracterizada por una contrastante diversidad en un mundo globalizado; están aquellos grupos enfocados en los grandes mercados, la acumulación de riqueza, la mercadotecnia masiva, y también quienes optan por la protección ambiental, la economía circular, las comunidades rurales y los mercados locales y, en los últimos años, los emprendimientos con propósito, las startups y las empresas social y ambientalmente responsables. Cada uno, desde sus objetivos, ya sea buscando aportar a este tipo de desarrollo desde un interés genuino o sólo buscando verse favorecidos.

La diversidad de interpretaciones tienen en común que se ha perdido de vista aquello que da el origen a la propuesta del desarrollo sustentable en el Informe Brundtland: el agotamiento de los recursos naturales y la pobreza. ¿Por qué lo digo? Tan sólo comparemos los precios de un producto común y su equivalente “sustentable”. Toda propuesta sustentable (o sostenible) debería tener como principios inquebrantables: 1) la conservación de los recursos naturales y 2) la disminución de la pobreza; ambos antepuestos, más no opuestos, al beneficio económicofinanciero.

Seguramente conoces a una empresa que se jacta de ser “sustentable”, “ambientalmente responsable” o “amigable con el ambiente”, pero en el uso de los recursos naturales y a fin de incrementar su propia utilidad, quebranta uno de sus principios fundamentales del sistema económico-financiero: vivir de los intereses y no del capital.

Estamos viviendo del capital cuando (como sociedad, empresas o gobiernos) utilizamos más recurso (agua, alimento, etcétera) del que nuestro entorno es capaz de producir, o bien, cuando a ese capital natural lo contaminamos a una intensidad mayor al que el propio sistema es capaz de asimilar para seguir proveyéndonos de ese recurso o servicio.

Por otra parte, el objeto de la disminución de la pobreza no es certificarnos como empresas socialmente responsables o ser el municipio que “levanta bandera blanca”, sino lograr que “… todos los seres humanos puedan satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, salud, vivienda o educación, por ejemplo, así como de disponer de tiempo suficiente para gozar de la cultura y de las artes, tener relaciones sociales enriquecedoras, hacer realidad nuestras vocaciones legítimas en cualquier ámbito que elijamos y, asimismo, tener tiempo libre para el descanso”. Angulo N., (2010)¹

Cumplir los dos principios anteriores nos garantizaría, sin lugar a dudas, satisfacer nuestras necesidades sin comprometer las de las generaciones futuras. Lo sobresaliente de esto, y a la vez complejo, no es el qué sino el cómo.

Desafortunadamente, algunas de las propuestas “sustentables” que operan hoy día, incluso a nivel de sellos o certificaciones, son en la práctica sistemas económicos tradicionales que tienen a bien tomar en consideración el cumplimiento de normatividad ambiental vigente, lo cual no es suficiente para lograr un desarrollo sustentable si ello implica tener procesos que reducen el capital.

Como habrás notado, en los párrafos anteriores se han visto involucradas una amplia variedad de ciencias y disciplinas; por ello reitero que ver la sustentabilidad como algo exclusivo de biólogos, forestales y ambientalistas es un grave error. En el inter entre la conservación del capital natural y el clímax del desarrollo humano-social (cero pobreza) tienen cabida todas las disciplinas, oficios, ciencias, procesos y personas como parte de un mismo sistema, sistema que es el medio y el fin de la sustentabilidad.

¿Sustentable o sostenible?
Ahora analicemos la pertinencia de utilizar el término de “sustentable” y “sostenible”, partiendo de la idea de Narudo J. (1996), quien expone que “… el contenido de este concepto no es fruto de definiciones explícitas, sino del sistema de razonamiento que apliquemos para acercarnos a él”, quizás por ello sea tan complicado lograr un consenso.

La diferenciación entre ambos términos no es en torno a cuál es su correcta traducción, ni el significado dado por el diccionario a un adjetivo, sino en cuanto a qué implica cada uno. Para ello, retomaré la tendencia que, particularmente en Latinoamérica, se ha venido dando al uso de ambos términos, visto desde un enfoque práctico y crítico.

Para expresar la diferencia utilizaré un tema que ha cobrado mucha relevancia en los últimos años: la movilidad sustentable. Dentro de ésta, un elemento fundamental es el medio de transporte, que apunta a que los vehículos (públicos y privados) sean eléctricos. Un vehículo eléctrico puede ser sustentable o sostenible según la fuente de abastecimiento de energía (de hecho, un auto eléctrico podría contaminar más que uno de gasolina²). Será sustentable cuando cuente con un sistema para autoabastecerse de energía y no requiera de una alimentación externa; si requiere acudir a las estaciones de recarga, entonces es sostenible, pues puede mantenerse funcionando siempre y cuando se le abastezca de energía, que deberá haber sido producida mediante sistemas sin impactos negativos.

En este ejemplo, hasta ahora sólo hemos hablado sobre el vehículo sustentable o sostenible, pero ¿qué se necesitaría para que todo el sistema de movilidad a base de vehículos eléctricos sea sostenible o sustentable?

Aprovecho para hacer un paréntesis y plantear que en este sentido, no podemos permitirnos hablar de algo que es “auto-sostenible” ni “auto-sustentable”; ambos son un error. Si se “auto sostiene”, se soporta a sí mismo, entonces ese algo sería sustentable y, si se “auto sustenta”, estaríamos cayendo en una redundancia.

¿Es mejor lo sustentable que lo sostenible? ¡No! Ambos se complementan y retroalimentan. Necesitamos, por ejemplo, de empresas sostenibles que puedan crear la tecnología o proveer de insumos para generar cadenas de valor sustentables, para desarrollar ciudades sostenibles, … y así de manera sinérgica.

Cualquier sistema, empresa, industria o gobierno, será SOSTENIBLE si cumple los dos principios inquebrantables mencionados al no generar un daño, deterioro o desgaste de todos los elementos que le proveen de recursos (de todo tipo) para mantener su funcionamiento indefinidamente, incluyendo al agente externo que le da soporte. Y además, contribuya genuina y eficazmente en la reducción de la pobreza de sus grupos de interés. Lo cual es completamente necesario, oportuno y loable para nuestro desarrollo.

Para que sea SUSTENTABLE, deberá aplicar lo anterior y que los componentes de su sistema estén interrelacionados de una manera tal que no requiera suministrar materia o energía del exterior ni externar residuos o costos; o bien, cuando se relaciona con sistemas externos, tal interacción es retributiva, simbiótica y no dependiente.

¿Qué cosa NO es sustentable?
Han surgido una buena cantidad de términos (además de políticas, estrategias y productos) alrededor del término de sustentabilidad. De inicio, todo aquello que separe a los componentes de su propio sistema no es sustentable. Por ejemplo, una persona en su individualidad jamás podrá ser sustentable pues somos parte de un sistema. Una comunidad, ciudad, incluso país, sí podría llegar a serlo, funcionando como un todo, como un sistema.

No podemos hablar de “sustentabilidad ambiental” o “sustentabilidad social” por ejemplo, pues la sociedad no puede concebirse si no es dentro de un medio ambiente que, de hecho, forma parte de éste y lo influye.

Una casa NO ES SUSTENTABLE por el simple hecho de tener un sistema fotovoltaico, un techo verde y focos led. No lo es mientras requiera, por ejemplo, un suministro externo de agua o emita residuos sólidos y líquidos que tengan impactos negativos en el exterior. Incluso, la convierte en no sustentable el hecho de que esté sólo al alcance de familias de ciertos niveles socioeconómicos o no contribuya a mejorar las relaciones intrafamiliares y el tejido social.

Un parque solar podría no ser sustentable si para establecerlo es necesario destruir cientos de hectáreas de bosques, matorrales o desierto; es posible que el impacto negativo generado, que será permanente, acumulativo y sinérgico, sea mayor a los beneficios.

¿Entonces la sustentabilidad es una utopía?
¡Desde luego que no! Que una persona (en lo individual) no pueda ser sustentable o que resulte algo muy complejo para una sociedad, no evita que en cada acción tengamos la oportunidad de decidir lo que sea más apropiado al lugar y momento.
Tampoco evita que pequeñas, medianas o grandes empresas puedan transformar su sistema y su cadena de valor hacia un enfoque de sustentabilidad.

Un ejemplo interesante lo tenemos en la industria de las alfombras, que históricamente ha sido una de las más agresivas contra los recursos naturales, tiene afectaciones a la salud de los trabajadores, si se dañaba una porción de la alfombra de una habitación era necesario reemplazarla completa, lo que generaba una gran cantidad de residuos; Interface, fundada por Ray Anderson³, es una muestra de que la sustentabilidad es posible y ha desarrollado todo un proceso que lo demuestra. Está muy cerca de requerir cero recursos directos del medio natural y de generar cero residuos en su proceso, con un equipo de personas que conforman la empresa y llevan una buena calidad de vida.

A otra escala, la comunidad de La Trinidad Ixtlán, Oaxaca, opera como una empresa comunitaria en el manejo silvícola de sus montes desde hace más de 20 años, donde mantienen una composición florística similar a la de un bosque no intervenido y obtienen rendimientos que son utilizados para la mejora de sus procesos y de la infraestructura y servicios de la comunidad4.

Aunque en un principio requirieron apoyo externo (de gobierno), actualmente puede operar por sí misma, como una empresa independiente, aprovechando también lo que tiene en su entorno exterior (como capacitaciones por parte de la CONAFOR5). Además de generar beneficios al interior de su sistema, también lo hacen hacia el exterior, pues ahora fungen como una comunidad escuela en la que otras comunidades aprenden de las experiencias de ésta.

La sustentabilidad y la sostenibilidad no se tratan de un ejercicio de autoflagelación sino de que las cosas fluyan con el menor esfuerzo y costo para el sistema, de hecho así funciona la naturaleza y de esa forma maximiza sus resultados. Analógicamente, la sustentabilidad es como la felicidad, no es el fin, sino una forma de vida; haces tu mejor esfuerzo día con día por ti y por lo que te rodea.

 

1- Angulo, N. (2010). Pobreza, Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Vol. 26 (No. 2). Págs., 33 – 42. Recuperado en diciembre 2017 en: https://revistas.ucm.es/index.php/NOMA/article/viewFile/NOMA1010240033A/25849

2- Más información en: https://motor.elpais.com/actualidad/coche-de-gasolina-contamina-electrico/

3- Video: Ray Anderson, sobre la lógica del negocio de la sustentabilidad.
https://www.ted.com/talks/ray_anderson_on_the_business_logic_of_sustainability?language=es

4- CONAFOR, (2017). La Trinidad Ixtlán, un ejemplo de silvicultura comunitaria. Innovación forestal (14. Silvicultura comunitaria, desarrollo rural sustentable). Recuperado en enero 2018 de
http://www.conafor.gob.mx/innovacion_forestal/?p=4814

5- Comisión Nacional Forestal.

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