Ciudades del Futuro

En 1925 sólo el 13% de la población vivía en ciudades mientras que hoy lo hace más del 50%, y para el año 2050 se prevé que aumente a 75%, pero ¿en qué tipo de ciudad viviremos entonces?

05/17/2017
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Las nuevas ciudades necesitan albergar a una población cada vez mayor y en las que vivimos ahora necesitan modernizarse. Si a las ciudades del pasado les dieron forma las personas, las ciudades del futuro serán configuradas por las ideas, y hay muchas que compiten acerca de cómo debería ser un espacio futurista.

Nadie sabe realmente qué nos depara el futuro, pero la realidad ahora es que nuestros espacios urbanos deben reinventarse hacia una ciudad más inteligente e informada.
Cada vez más gente elige vivir en ciudades y, a medida que crecen, consumen más recursos y generan más desechos.

La influencia de las ciudades a nivel nacional e internacional se ha ido incrementado considerablemente en los últimos años. Esto se debe, en parte, al incremento en el número de habitantes de las ciudades. A medida que las ciudades se expanden, los gobiernos locales se enfrentan a nuevos retos asociados a la inclusión social, las nuevas tecnologías, la economía del conocimiento, la diversidad cultural y la sustentabilidad medioambiental. En respuesta, un número creciente de ciudades están desarrollando estrategias innovadoras que permiten a ciudadanos de todas las edades adquirir nuevas habilidades y competencias a lo largo de toda la vida, transformando así sus ciudades en “ciudades sustentables”.

Varias experiencias internacionales han demostrado que la creación de una ciudad sustentable implica un proceso continuo que incluye la promoción, facilitación y creación de capacidades. En reconocimiento de este proceso, ICLEI-Gobiernos Locales por la Sustentabilidad ha tomado la iniciativa de preparar una red mundial dinámica con el objetivo que las ciudades intercambien ideas y buenas prácticas sobre procedimientos eficaces para la creación de ciudades sustentables.

El futuro nos traerá más contaminación y un imparable avance del cambio climático, y precisamente por ello las ciudades habrán de adaptarse a los nuevos retos del calentamiento global, inventando fórmulas para hacerle frente y al mismo tiempo ayudar a su control.

Por otra parte, es innegable que existe una tendencia hacia un diseño urbano más ecológico y sustentable como respuesta a la constante ampliación de las ciudades, que tienden a formar grandes megalópolis masificadas y tremendamente deshumanizadas. Investigadores estiman que dos millones de personas mueren cada año como resultado de la contaminación del aire y a medida que las ciudades se vuelven más superpobladas, es probable que el problema empeore.

¿Pero, es posible una ciudad con cero emisiones, autosuficiente y con un valor ecológico que ayude a una vida confortable y respetuosa con la naturaleza? En teoría, es posible, sobre todo teniendo en cuenta las nuevas tecnologías que podrían ayudar a que ese respeto ambiental se tradujera en ventajas para una vida urbana más verde.

Ciudades al servicio de los ciudadanos

La sustentabilidad, el tráfico y la seguridad son algunos de los desafíos de las grandes ciudades, por lo que deberán buscarse ciudades más verdes y ecológicas: la ecología se ha puesto de moda no solo entre algunos grupos de personas, también en las grandes ciudades donde asociaciones privadas y poderes públicos están favoreciendo acciones novedosas propuestas por “gente como uno”. Un ejemplo de ello es la ciudad alemana de Andernach, conocida por muchos como la “ciudad comestible”, y desde hace unos años sus espacios públicos se han convertido en auténticos huertos urbanos a disposición de sus habitantes.

Pero además de los huertos, la arquitectura está favoreciendo que muchos edificios se conviertan en espacios verdes perfectamente integrados con el entorno que les rodea. En este sentido, toparse con jardines verticales o azoteas verdes ha dejado de ser una rareza para convertirse en algo cada vez más habitual.

Quizás uno de los desafíos más urgentes en las grandes metrópolis, es el problema de la movilidad, por lo que compartir vehículo, se hace cada vez más una forma de mitigar el colapso de las vías de circulación y mitigar también el ruido y la contaminación. Pero aún así parece que esto no es suficiente, y se esperaría que el uso de los autos eléctricos pudiera representar una esperanza a este respecto.

Una ciudad del futuro deberá estar en gran medida conectada: empezando por nuestros hogares, los cuales los podremos controlar gracias a Internet y a la generalización desde hace unos años de los smartphones. La creación de apps mediante las cuales controlar servicios como la calefacción, la luz o los accesos a la vivienda son cada vez más habituales.
Pero las ciudades también estarán conectadas y con sensores con el fin de convertirlas en lugares más habitables.

Un ejemplo de ello lo encontramos en España y en concreto en Santander. Esta ciudad cántabra dispone de 12,000 sensores de medición que obtienen datos de CO2, ruido, humedad y nivel de tráfico. Informan sobre el estado de los estacionamientos de la ciudad en tiempo real, el estado de las playas, las paradas de taxis más cercanas o la ocupación de las bibliotecas.
Conforme se van agotando las reservas de combustibles fósiles de nuestro planeta, se buscan nuevas maneras de proporcionar energía a nuestras ciudades de manera sustentable, y como hemos venido constatando el uso de las energías renovables, o sea aquellas que se obtienen de fuentes naturales virtualmente inagotables, cada vez es mayor y de manera irreversible.
Las grandes ciudades dejarán de crecer a lo ancho para crecer a lo alto con edificios de muchos niveles de altitud, con lo que se estarán haciendo cada vez más eficientes los espacios y los recursos.


El aumento de las zonas verdes urbanas es otro elemento fundamental que la ciencia recomienda para el bienestar ciudadano. No sólo se logra una reducción del nivel de contaminación atmosférica, sino que además se consigue un maravilloso efecto psicológico que, por otra parte, es necesario para el equilibrio mental de las personas. Son numerosos los estudios que animan a las autoridades públicas a diseñar y rediseñar las ciudades en este sentido, ya sea aumentando los jardines de proximidad como convirtiendo las azoteas en zonas verdes. De paso, se contribuye a combatir los efectos del cambio climático.
Por lo anterior, las ciudades futuras deberán pensarse más como un organismo vivo, una ciudad que responda a necesidades concretas como la salud, el medio ambiente, la equidad de género y su papel en la implementación de acciones que transformen el futuro del mundo.

El papel de ICLEI

Las ciudades y las regiones se enfrentan a una rápida urbanización, al cambio climático, a las tendencias económicas y demográficas cambiantes y a una serie de otros problemas de desarrollo. En este sentido, ICLEI tiene 10 Agendas Urbanas que ayudan a los gobiernos locales y subnacionales a enfrentar estos desafíos y avanzar en los de los marcos globales de sustentabilidad, desde los Objetivos de Desarrollo Sustentable hasta el Acuerdo de París y la Nueva Agenda Urbana.
El objetivo general de ICLEI es la creación de ciudades sustentables, ya que sólo así se garantizaría un hábitat ecológico, social y económicamente sano y resistente para las poblaciones existentes, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras. Su objetivo es la sustentabilidad de manera integral e inclusiva. Ellas integran las políticas a través de los sectores para conectar sus objetivos ecológicos y sociales con su potencial económico, en lugar de abordar los desafíos mediante enfoques fragmentados que cumplan una meta a expensas de otros.


ICLEI propone ciudades más habitables y accesibles utilizando principios de movilidad urbana sustentable para lograr reducciones significativas en las emisiones de gases de efecto invernadero y el consumo de energía, mejoras en la calidad del aire y mayores oportunidades de movilidad para todos los ciudadanos, dando prioridad a opciones de transporte integradas, socialmente inclusivas y respetuosas con el medio ambiente.
Un objetivo final serán las comunidades felices, saludables e inclusivas que ven más allá del PIB como el principal indicador del desarrollo, eligiendo priorizar la salud y la felicidad para todos.
ICLEI establece que las ciudades futuras deberán ser vibrantes, limpias, saludables, inclusivas, pacíficas y seguras, que ofrezcan educación, cultura, empleo verde, alta calidad de vida y buen gobierno, y que proporcionen oportunidades para la interacción y el compromiso de la comunidad en la toma de decisiones.

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